¿Qué ocurre si se incumple el Protocolo de Acoso?

El Protocolo de Acoso protege la dignidad y la integridad de las personas trabajadoras. Cuando hablamos de incumplimiento del Protocolo de Acoso, nos referimos a una situación especialmente grave: la empresa no solo falla en prevenir conductas inadecuadas, sino que tampoco aplica correctamente los mecanismos diseñados para actuar ante ellas.

El incumplimiento puede producirse de muchas formas. Entre los escenarios más habituales encontramos:

El incumplimiento también se produce cuando el protocolo existe, pero no se integra en la cultura organizativa. Un documento desconocido por la plantilla carece de efectividad real.

Además, es importante diferenciar entre el incumplimiento formal: ausencia de protocolo o defectos estructurales; y el incumplimiento material: mala aplicación o ineficacia práctica. Este último suele tener consecuencias más graves, porque implica una afectación directa a derechos fundamentales.

Consecuencias legales del incumplimiento del Protocolo de Acoso

La Inspección de Trabajo puede imponer sanciones económicas por infracciones graves o muy graves. Las multas pueden alcanzar cuantías elevadas, especialmente cuando se vulneran derechos fundamentales. Además, el incumplimiento puede afectar a:

  • Subvenciones públicas.
  • Bonificaciones en cotizaciones.
  • Participación en licitaciones.

Si la empresa no actúa ante una denuncia y se demuestra la existencia de acoso, puede enfrentarse a:

  • Indemnizaciones por daños y perjuicios.
  • Recargos por falta de medidas preventivas.
  • Declaración de despido nulo si la persona denunciante sufre represalias.

Debemos recordar que el acoso constituye una vulneración de derechos fundamentales. 

En determinados casos, la falta de actuación puede derivar en responsabilidad civil por daños morales. Incluso podría valorarse responsabilidad penal si se acredita tolerancia consciente o encubrimiento.

Cómo evitar el incumplimiento del Protocolo de Acoso

Diseño adecuado del protocolo

Para evitar incumplimientos, el protocolo debe estar bien construido y adaptado a la empresa, con definiciones claras, un procedimiento concreto (fases, plazos y responsables) y garantías para todas las partes. También es clave mantenerlo actualizado para que no se quede desfasado.

Formación y sensibilización

La plantilla debe conocer el protocolo y entenderlo. La formación debe alcanzar a toda la organización, especialmente a mandos y a la comisión instructora, para asegurar detección temprana, gestión correcta de denuncias y aplicación garantista del procedimiento.

Integración con el Plan de Igualdad

El protocolo funciona mejor cuando se integra en una estrategia global de igualdad y prevención. Alinear medidas, formación e indicadores con el Plan de Igualdad reduce vacíos operativos, mejora el control y refuerza la prevención estructural.

Seguimiento y evaluación

Revisar de forma continua cómo se aplica el protocolo (tiempos, actuaciones, aprendizajes de casos, percepción interna) permite corregir fallos, mejorar el sistema y reforzar la confianza de la plantilla, evitando que el protocolo quede en papel mojado.

Si tu empresa aún no cuenta con el Protocolo de Acoso, rellena el siguiente formulario y nos pondremos en contacto contigo en la mayor brevedad posible.

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